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lunes, 14 de febrero de 2011

RAÚL SCALABRINI ORTIZ




Todas las respuestas que necesita la Mesa de Enlace las tiene él. Hace muchos años les contestó a los Biolcati, los Buzzi, los Llambías, los Garetto, los De Angeli, los Venegas, los Mitre, los Magnetto...

Prefiguró a los hijos y nietos de los cipayos, a los oligarcas que vendieron la patria, y a los advenedizos que seguirían intentándolo.


Patriota de veras, develó con su pensamiento la trama secreta de la dependencia del país agroexportador del primer Centenario.

A través de libros, periódicos y conferencias, deconstruyó esa supuesta “Gran Argentina” de 1860 a 1945, y demostró que en realidad era una semicolonia del Imperio Británico, que cumplía el rol de proveedor de carne y cereales baratos, y se abastecía de artículos manufacturados a alto precio.

Con este “primitivismo agrario”, la Argentina fue conducida a un creciente y crónico endeudamiento, a la dependencia económica y política, y a la injusticia social.





    En octubre de 1929, se desencadena la crisis económica mundial. El capitalismo hace agua por todos lados y millones de hombres son arrojados a la desocupación y al hambre. Los países desarrollados, envueltos en la crisis, amenguan sus efectos, descargándola sobre los países productores de materia prima. En la Argentina se desmorona "el granero del mundo": caen los precios de las exportaciones y baja el peso. Desocupación, hambre, tuberculosis, delincuencia y suicidios señalan el inicio de la Década Infame.

    Entonces el verdadero rostro del país vasallo se asoma a los ojos del prensador nacional que sepa verlo. Y mientras el resto de la inteligencia argentina juguetea con metáforas exquisitas, Raúl Scalabrini Ortiz emprende la tarea de demostrar la verdadera realidad nacional. Hasta poco tiempo atrás, también él se había enredado en la metafísica con "El hombre que está solo y espera", pero ahora -1932- Scalabrini hunde profundamente el escalpelo del análisis en la patria vasalla e inicia la tarea de toda su vida. El pensamiento nacional, dormido desde hacía décadas, se pone en marcha.

    Scalabrini se pregunta en primer lugar ¿Cómo es posible que en un país como la Argentina, productor de carnes y cereales, haya hambre?.

    De allí pasa a inventariar nuestras riquezas [ferrocarriles, frigoríficos, puertos, etcétera...] estudiando en cada caso quién es el propietario de los mismos y así llega a la conclusión de que los argentinos nada poseen, mientras el imperialismo inglés se lleva nuestras riquezas a precios bajísimos y nos vende sus productos encarecidos, mientras los ingleses nos succionan a través de seguros, fletes, dividendos, jugosa renta producto de su dominio sobre los resortes vitales de nuestra economía.


    ... A través de las conferencias y los cuadernos de FORJA, Scalabrini se convierte en el gran fiscal de la entrega. Pero por sobre todos estos negociados, él apunta decididamente a la clave del sistema colonial: el ferrocarril. Esos rieles tendidos por el capital extranjero son "una inmensa tela de araña metálica donde está aprisionada la República". Es a través del ferrocarril que nuestra economía se organiza colonialmente para entregar riqueza barata en el puerto de Buenos Aires a los barcos ingleses y es a través del ferrocarril, con sus tarifas parabólicas, que el imperialismo destruye todo intento industrial en el interior, asegurando así la colocación de la cara mercadería importada.

    ...Cuando se desencadena la Segunda Guerra Mundial y ante la presión aliadófila para que la Argentina envíe tropas al frente, Scalabrini Ortiz vuelve a hacer punta contra el imperialismo, publicando el diario "Reconquista". Desde allí defiende la neutralidad y lanza esta consigna: "No osdejéis arrastrar a la catástrofe. Si os empujan, subleváos. Muramos por la libertad de la Patria y no al servicio de los patrones extranjeros". Así convoca a la Segunda Independencia.

    Jaqueado por todas las fuerzas de la Argentina ainglesada, "Reconquista" logra vivir ton sólo 41 días. Pero subterráneamente, el pensamiento nacional se va infiltrando y despierta ya muchas conciencias dormidas. Y cuando poco después el Grupo de Oficiales Unidos dé el golpe de estado el 4 de junio de1943, alguien recordará que uno de los libros que esos militares consideran texto obligado para su formación política es "La Historia de los Ferrocarriles" de Scalabrini Ortiz.

    Poco después lo conoce personalmente a Juan Domingo Perón, a quien ya le sugiere la nacionalización de los ferrocarriles. El 17 de octubre de 1945, Scalabrini Ortiz forma parte de la multitud que irrumpe en nuestra historia para iniciar una Argentina Nueva. Ese día, se convence de que esos hombres, a los que llama "esos de nadie y sin nada", son los que conducirán al país hacia su nuevo destino: ".... Era el subsuelo de la patria sublevada. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba por primera vez en su tosca desnudez original....Eran los hombres que 'estaban solos y esperaban', que iniciaban sus tareas de reivindicación"...





LA TIERRA INVISIBLE



...Pero hay una tragedia metafísica más terrible en el extranjero que inmigra. El europeo que reside en Europa es un hombre azuzado por la inseguridad de su subsistencia material. El cacho de tierra de cada uno es minúsculo, y hay que hacerlo producir a toda costa. La consecución de su alimento consume su voluntad. La pugna contra la naturaleza es ruda y sin tregua. Para vivir, nada más, hay que bregar duro y tendido. Hay que abonar las tierras, prevenir los granizos y las inundaciones, combatir las plagas, cuidar los ganados, apacentar los animales, curarlos cuando enferman. El hombre rural europeo no pierde tiempo en pensar. El tiempo es para él otra herramienta de trabajo. Esta contracción hizo a los europeos laboriosos y ahincados. Además, allí la tierra es gozosa y se atavía con altonazos, collados, bosques, hondonadas, y no chasquea nunca el recreo de los sentidos, donde el espíritu encalla.

Con otros portes, el europeo urbano reproduce las características del europeo rural. De un modo o de otro la tierra manda. Nada se desperdicia en las ciudades. Todo confluye a un máximo aprovechamiento material. El que tiene un idea la labra, la cultiva y le extrae un rendimiento portentoso. Hay así algunos literatos vacuos que son eminentes por la técnica, pensadores que alimentan una copiosa producción con ideas substraídas de otros libros ya olvidados. Pero, dentro de su exigüidad, el europeo es casi feliz. La premura de su trabajo le impide ser consumido por el pensamiento de su brevedad. No tiene tiempo para saberse perecedero. Es un trabajador que labora como si fuera eterno: libre de aflicciones de mortalidad.


Aquí la lucha no encara a la naturaleza física, aquí la lucha encara a la naturaleza espiritual. Aquí la tierra es opulenta, dócil; es la tierra apurada por germinar. El trabajo es de alientos lánguidos, es trabajo que no jadea y está henchido de promisiones que se cumplen a la primera genuflexión. Pero es una tierra que amilana los sentidos, que postra la sensualidad, una tierra invisible aun para el cuerpo que la holla, una tierra caso inhumana, impía, chata, acostada panza arriba bajo un cielo gigantesco. Es una tierra inasible, sin actualidad, que ni se ve, ni se oye -muda, inmóvil-, una tierra sin pájaros, sin bichos. El hombre, frente a eso sosiego pródigo en beneficios materiales, queda alelado por los pensamientos y las emociones que flotan como vahos deletéreos. Allí todo parece vano, superfluo, pueril. "Todo pasa" dice la llanura. "Todos pasa" dicen los cuartos de luna que se engalanan y agonizan en un mes. El hombre, lacerado por la estupenda indiferencia del cosmos, se pregunta: "¿Para qué?" "¿Y pa qué?" "Si de todos modos te vas a morir". "¿Pa qué deslomarse si tu suerte es reventar?" La pampa abate al hombre. La pampa no promete nada a la fantasía; no entrega nada a la imaginación. El espíritu patina sobre su lisura y vuela. Arriba está la fatídica idea del tiempo.

Hombres ociosos, taciturnos, sufridos y altaneros son los hijos de esa planicie. "Constituyen la raza con menos necesidades y aspiraciones que yo haya encontrado. Sencillas, no salvajes, son las vidas de esta "gente que no suspira de las llanuras. Al que lo contempla, nada puede dar más noble idea de independencia que un gaucho a caballo", según el testimonio imparcial de Samuel Haigh, viajero inglés que lo escudriño allá por 1820. Mas, también ¿qué temor, qué tentación, que incertidumbre puede doblegar al hombre a quien la naturaleza avisa constantemente que se está muriendo? ¿Qué espejismo puede extraviarlo, qué complacencia solazarlo, qué contrariedad desmayarlo, qué apetito instigarlo, si lleva en sí mismo su vida y su muerte, enteras?

El labriego europeo invadió la pampa fascinado. La verdad de la extensiones fértiles excedía en mucho los más ávidos ensueños de su imaginación. La labró, la dividió en predios, la rayó con su arado, la aspergó con su simiente, embriagado por la largueza con que lo eran devueltos sus afanes. La llanura se inflamó un rato, alborotada por el animoso vigor europeo. Parecía que un barullo cándido desarrugaba el ceño adusto de la pampa. En cada rancho había un botellón de vino, un hombre melodioso y un acordeón. Pero, poco a poco, la tierra se fue recobrando: aplacó los bullicios extemporáneos; apaciguó las exuberancias del bienestar corporal. Volvió a imponer su despotismo de silencio y de quietud, volvió a quedar en suspenso y con éxtasis. Manejando la tierra, el hombre fue allanado por la tierra.

Al conjuro irresistible de esa metafísica de la tierra, la continuidad de la sangre se quebró. El hijo del colono ya solfea una burla cuando rememora los que fueron acucios del padre. Tras el gran sacudón inmigratorio que descompaginó su tono, la pampa se reafirma, y los hombres recomponen su espíritu de siempre. Hay algunas intercalaciones, algunos simulacros de cercanías, algunas canciones que flojean boliches, junto a un trago de caña, algunos montoncitos de frutales que rebañan y conllevan toda la distracción de los ojos, algún camino sin baches que galopa un Ford hasta el caserío vecino, ya evaluado en población o ciudad. Cambiaron algunas indumentarias, algunos usos inapropiados se relegaron, pero ni el perfil de las poblaciones ni las telarañas de los telégrafos han empequeñecido el cielo, ni tronchando los horizontes sin medida, ni acallado sus insinuaciones inexorables. Los días siguen deslizándose de naciente a poniente, con una evidencia de tiempo tan desanimada que todo atardecer es un acongojado: "Yo ya no vuelvo más y es un día menos para ti". Y de nuevo los hombres se preguntan: "¿Y pa qué? ¿Pa qué deslomarse si tu suerte es reventar?. El presente invisible les insufló a todos la idea del tiempo y de su fugacidad. En silencio, el hombre sorbe sus mates y mira cómo se van los días...




EL HOMBRE DE CORRIENTES Y ESMERALDA



...Para no amilanarme ante los fantasmas que la imaginación procrea en las tinieblas, para no desorientarme en la maraña de variedades porteñas que a veces simulan desdecirse de un barrio y aun de una cuadra a otra, me dilaté en la nada fatua sino imprescindible creación de un hombre arquetipo de Buenos Aires: el Hombre de Corrientes y esmeralda. En otro lugar aduciré las razones que me movieron a ubicarlo en esa encrucijada, para mí polo magnético de la sexualidad porteña.

Este hombre es el instrumento que permitirá hincar la viva carne de los hechos actuales, y en la vivisección descubrir ese espíritu de la tierra que anhelosamente busco. Será la guía, la linterna de Diógenes con que rastrearé el hombre en quien ese espíritu encarnar. Lo muy grande hay que inducirlo de la observación de una partícula, no del enfocamiento directo. El que mira todo el bosque de manzanos, no ve más que el bosque. Pero el que se reduce a mirar profundamente una sola manzana puede inferir el régimen de todas las manzanas.

El Hombre de Corrientes y Esmeralda es un ritmo de las vibraciones comunes, un magnetismo en que todo lo porteño se imana, una aspiración que sin pertenecer en dominio a nadie está en todos alguna vez. Lo importante es que todos sientan que hay mucho de ellos en él y presientan que en condiciones favorables pueden ser enteramente análogos. El Hombre de Corrientes y Esmeralda es un ubicuo: es el hombre de las muchedumbres, el croquis activo de sus líneas genéricas; algo así como la columna vertebral de sus pasiones. Es, además, el protagonista de una novela planeada por mí, que ojalá alguna vez alcance el mérito de no haber sido publicada.


No se alboroten, pues, los políticos ni los granjeadores de voluntades. El Hombre de Corrientes y Esmeralda no es ladero para sus ambiciones. Su nombre no figura en los padrones electorales, ni en las cuentas corrientes de los bancos, ni en los directorios de las grandes compañías ni en las redacciones de los diarios, ni en las nóminas de comerciantes o profesionales. No es un obrero, ni un empleado anónimo.

El Hombre de Corrientes y Esmeralda es el vértice en que el torbellino de la argentinidad se precipita en su más sojuzgador frenesí espiritual. Lo que se distancia de él, puede tener más inconfundible sabor externo, peculiaridades más extravagantes, ser más suntuoso en su costumbrismo, pero tiene menos espíritu de la tierra

Por todos los ámbitos, la república se difumina, va desvaneciéndose paulatinamente. Tiene sabor peruano y boliviano en el norte pétroleo de Salta y Jujuy; chileno, en la demarcación andina; cierta montuosidad de alma y de paisaje en el litoral que colinda con el Paraguay y Brasil y un polimorfismo sin catequizar en las desolaciones de la Patagonia.

El Hombre de Corrientes y Esmeralda está en el centro de la cuenca hidrográfica, comercial, sentimental y espiritual que se llama República Argentina. Todo afluye a él y todo emana de él. Un escupitajo o un suspiro que se arroja en Salta o en Corrientes o en San Juan, rodando en los cauces algún día llega a Buenos Aires. El Hombre de Corrientes y esmeralda está en el centro mismo, es el pivote en que Buenos Aires gira.

El mismo Hombre vertió las palabras puntualizadoras de su efectividad en el arresto sin cálculo de un acaloramiento, de un querer demasiado tirante o de un pequeño descuido del recelo personal, pacientemente incubado por mí. El Hombre nació en apuntes apresurados de un partido de fútbol o de un asalto de box, en la agresión a un indefenso, en la palpitación de las muchedumbres de varones que escuchan un tango en un café, en el atristado retorno a la monotonía de sus barrios de los hombres que el sábado a la noche invaden el centro ansiosos de aventuras, en las confecciones amicales arrancadas por el alba, en los bailes de sociedad, en la embriaguez sin ambages de un cabaret, en algunos comentarios perspicaces y también en personas que exageraban involuntariamente un motivo mitigado en los demás.

En todos y en cada uno vive el Hombre de Corrientes y Esmeralda. Se le desconocía, porque el conocimiento es casi una verbalidad, y los hombres que podían metrificar su voz se irritaban la garganta amaestrando oraciones extranjeras o evaporaban sus propósitos en un silencio lleno de mañanas que perezosamente se trocaban en ayeres…


Raúl Scalabrini Ortiz
de "EL HOMBRE QUE ESTÁ SOLO Y ESPERA"
(1931)






Raúl Scalabrini Ortiz nació en la ciudad de Corrientes, el 14 de febrero de 1898. Hijo del naturalista Pedro Scalabrini, director del museo de la ciudad de Paraná, transcurrió su adolescencia y su juventud entre la hegemonía liberal conservadora de la época y la tentativa Yrigoyenista.

Numerosos son los factores que lo llevaron a cuestionar el pensamiento colonial vigente en la época. En primer lugar, su militancia juvenil en un grupo llamado "Insurrexit", de orientación marxista, le permitirá descubrir la importancia de los factores económicos y sociales en el desarrollo histórico. Por el otro, su permanente deambular por el país por razones de ocupación de agrimensor (viaja a La Pampa, Entre Ríos y Catamarca). Dichas circunstancias, le permiten trascender la “visión porteña del país”, y le enseñan cómo viven y cómo sueñan sus compatriotas.

Luego, viaja a París, a los 26 años, y regresa hondamente decepcionado, pues en la "Francia eterna" del "humanitarismo y los derechos del hombre", encuentra un enorme desdén por los latinoamericanos y una antidemocrática xenofobia de pueblo elegido.

Ejerce influencia seguramente sobre el, Macedonio Fernández, quien posiblemente lo orientó hacia una vida profunda, de altruismo y generosidad, donde lo individual se diluya en aras del beneficio colectivo. "Mis días eran extrañamente ajenos los unos a los otros... Les faltaba sometimiento a una sorpresa más grande que ellos mismos. Les faltaba subordinación a una fe" sostenía Scalabrini.

Se vinculó a la revista Martín Fierro. En 1923, escribe su cuento "La Manga". Fue periodista en La Nación, El Mundo y Noticias Gráficas, además de crear y dirigir el diario “Reconquista”. En octubre de 1929, se desencadena la crisis económica mundial. El capitalismo se desmoronó y millones de hombres son arrojados a la desocupación y al hambre. Los países desarrollados, envueltos en la crisis se recuestan sobre los periféricos productores de materia prima. En ellos caen los precios de las exportaciones y baja el peso. Desocupación, hambre, tuberculosis, delincuencia y suicidios señalan el inicio de la Década Infame. Escribe en ese momento "El hombre que está solo y espera" donde crea un arquetipo de porteño: el hombre de Corrientes y Esmeralda.

Entonces el verdadero rostro del país vasallo se asoma a los ojos del prensador nacional que quiera y sepa verlo. Y mientras el resto de la inteligentzia argentina juguetea con metáforas exquisitas, R.S.Ortiz emprende la tarea de demostrar la verdadera realidad nacional. A partir de 1932 se hunde profundamente el escalpelo del análisis en la patria vasalla e inicia la tarea de toda su vida. El pensamiento nacional, dormido desde hacía décadas, se pone en marcha.

La incógnita sobre ¿Cómo es posible que en un país como la Argentina, productor de carnes y cereales, haya hambre? obra como disparador inicial. De allí pasa a inventariar nuestras riquezas (ferrocarriles, frigoríficos, puertos, etc.) estudiando en cada caso quién es el propietario de los mismos, y así, llega a la conclusión de que los argentinos nada poseen, mientras el imperialismo inglés, se lleva nuestras riquezas a precios bajísimos y nos vende sus productos encarecidos, mientras los ingleses nos succionan a través de seguros, fletes, dividendos, jugosa renta producto de su dominio sobre los resortes vitales de nuestra economía.

Como consecuencia de su participación en la Revolución Radical de Paso de los Libres, es desterrado a Europa en 1933. Desde allá, se aclara aún más el grado de sometimiento argentino al imperio, pues lo que los diarios ocultan en la Argentina , se dice en voz alta en Alemania o Italia, especialmente debido a las rivalidades ínter imperialistas. "Somos esclavos de los ingleses", se repite una y otra vez ya absolutamente convencido de que sus cifras son ciertas e irrefutables. Desde Alemania, en 1934, escribe sus primeros artículos en los que aborda en profundidad el problema clave de todo país semicolonial: la cuestión nacional.

Poco después, en 1935, ya de regreso del exilio, se lanza decididamente a la lucha contra el imperialismo. Desde el periódico "Señales" y desde FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina ), junto con Gabriel del Mazo, Arturo Jauretche, Homero Manzione, Amable Gutiérrez Diez y Héctor Maya, condena uno a uno todos los decretos de la entrega. A través de la conferencia, el libro y los artículos periodísticos, denuncian la expoliación imperialista, entre otros en la década de 1930.

A través de las conferencias y los cuadernos de FORJA, Scalabrini se convierte en el gran fiscal de la entrega. Pero por sobre todos estos negociados, él apunta decididamente a la clave del sistema colonial: el ferrocarril. Esos rieles tendidos por el capital extranjero son "una inmensa tela de araña metálica donde está aprisionada la República". Es a través del ferrocarril que nuestra economía se organiza colonialmente para entregar riqueza barata en el puerto de Buenos Aires a los barcos ingleses y es a través del ferrocarril, con sus tarifas parabólicas, que el imperialismo destruye todo intento industrial en el interior, asegurando así la colocación de la cara mercadería importada.

Por esos años, se sumerge en la historia nefasta de esos ferrocarriles y paso a paso desnuda la verdad: que los ingleses trajeron capitales ínfimos, que aguaron esos capitales a través de reevaluaciones contables dirigidas a inflar los beneficios, concedidos como porcentajes fijos sobre el capital, que quebraron todo intento de comunicación interna que no fuese a dar a Buenos Aires, que subieron y bajaron las tarifas, según sus conveniencias, para boicotear a las industrias nacionales que compitiesen con la mercadería traída de Londres, que obtuvieron miles de hectáreas de regalo junto a las vías, que no cumplieron función de fomento alguna en las provincias pobres, que hundieron unos pueblos y levantaron otros torciendo el trazado de las líneas según sus intereses y los de sus socios: los oligarcas.

Allí reside, para él, el verdadero cáncer de nuestra soberanía y en torno a él han crecido las restantes enfermedades que han terminado por hundirnos: la moneda y el crédito manejado por la banca extranjera, el estancamiento industrial, la no explotación de la riqueza minera, ni de la hidroelectricidad, la subordinación a barcos, tranvías y restantes servicios públicos extranjeros, la expoliación de los empréstitos a través del interés compuesto. "Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre" reclaman Scalabrini, Jauretche y sus muchachos de FORJA.

Pero el boicot del silencio cae sobre ellos. La superestructura creada por el imperialismo se cierra ahogando a las voces nacionales. Ellos no cejan, sin embargo, y desde las catacumbas, van forjando la conciencia nacional. Publica en esos años la "Historia de los Ferrocarriles Argentinos" y "Política Británica en el Río de la Plata ".

A mediados de 1944 en La Plata conoce personalmente a Juan Domingo Perón, a quien ya le sugiere la nacionalización de los ferrocarriles.

El 17 de octubre de 1945, Scalabrini forma parte de la multitud que irrumpe en nuestra historia para iniciar una Argentina nueva. Ese día, se convence de que esos hombres, a los que llama "esos de nadie y sin nada", son los que conducirán al país hacia su nuevo destino:

"... Era el subsuelo de la patria sublevada. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba por primera vez en su tosca desnudez original....Eran los hombres que 'estaban solos y esperaban', que iniciaban sus tareas de reivindicación".

Pocos meses después, Perón derrota en las urnas a los viejos partidos representantes de una Argentina que moría irremediablemente. Scalabrini acompaña el proceso de la campaña electoral desde las columnas del diario "Política" y mantiene estrecho contacto con Perón, ya siendo éste Presidente. Presenta entonces varios trabajos atinentes a la nacionalización de los ferrocarriles, pero no acepta cargos en el gobierno. Considera que su lugar está en el llano, opinando, fiscalizando, apoyando, pero, después de tantos años de oposición, no se considera un "hombre de construcción". fallece el 30 de mayo de 1959.



Su Obra :

1923 - "La manga"
1931 - "El hombre que está solo y espera"
1934 - "La Gaceta de Buenos Aires" (artículos periodísticos)
1935 - "Señales" (artículos periodísticos)
1936 - "Política Británica en el Río de la Plata " (Cuaderno de FORJA)
1937 - "Los ferrocarriles, factor primordial de la independencia nacional"(folleto)
1938 - "El petróleo argentino" (Cuaderno de FORJA)
1938 - "Historia del Ferrocarril Central Córdoba" (Cuaderno de fORJA)
1938 - "Historia de los Ferrocarriles" (Revista Servir)
1939 - "Historia del Primer Empréstito" (Cuaderno de FORJA)
1939 - "Reconquista" (artículos periodísticos)
1940 - "Política británica en el Río de la Plata "
1940 - "Historia de los Ferrocarriles Argentinos"
1942 - "La gota de agua" (folleto)
1946 - "Los ferrocarriles deben ser del pueblo argentino"
1946 - "Defendamos los ferrocarriles del Estado" (folleto)
1946 - "Tierra sin nada, tierra de profetas" (poesías y ensayos)
1948 - "Yrigoyen y Perón, identidad de una línea histórica"(folleto)
1948 - "El capital, el hombre y la propiedad en la vieja y la nueva Constitución Argentina" (folleto)
1950 - "Perspectivas para una esperanza argentina" (folleto)
1955/56 - "El Líder" y "El Federalista", "De Frente" (artículos periodísticos)
1957 - "Aquí se aprende a defender a la Patria " (folleto)
1957/58 - "Qué" (artículos periodísticos)
1960 - "Cuatro verdades sobre la crisis" (folleto)
1965 - "Bases para la Reconstrucción Nacional " (recopilación de artículos)



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